El papa bautiza a bebés en la Capilla Sixtina

El papa León celebró misa en la Capilla Sixtina y bautizó a unos 20 bebés en una ceremonia reservada para hijos de empleados del Vaticano y de la diócesis de Roma, manteniendo una práctica iniciada bajo el pontificado de Juan Pablo II. El rito se desarrolló bajo los frescos de Miguel Ángel, mientras el papa administraba los gestos sacramentales tradicionales —la bendición del agua bautismal, la unción con óleo santo y el derramamiento de agua sobre la cabeza de cada niño— con los padres sosteniendo a sus bebés y los familiares observando en silencio respetuoso.
En su homilía, el papa León se dirigió directamente a los padres, subrayando que el bautismo es el inicio de un camino de fe para toda la vida y no un acto ceremonial aislado. Instó a las familias a cultivar esa fe mediante gestos cotidianos y concretos de amor, paciencia y ejemplo, afirmando que los niños aprenden la fe sobre todo del comportamiento de quienes tienen más cerca. También pidió a los padrinos asumir un papel activo como acompañantes y guías en el desarrollo espiritual de los niños.
La ceremonia mantuvo un tono íntimo: el llanto de los bebés, los padres calmándolos y el papa desplazándose con delicadeza de una familia a otra crearon momentos de calidez humana en medio de la grandeza de la capilla. Funcionarios del Vaticano señalaron que la liturgia suele celebrarse cerca de la fiesta del Bautismo del Señor, subrayando el significado teológico de acoger a nuevos miembros de la Iglesia al comienzo de su vida espiritual.
Tras los bautismos, el papa León saludó personalmente a cada familia, ofreciendo breves palabras de aliento y bendiciones individuales. Los padres describieron la experiencia como profundamente conmovedora y singularmente significativa por haberse celebrado en la Capilla Sixtina, un lugar que aporta un fuerte peso simbólico por su herencia artística y espiritual.
Observadores señalaron que el acto reflejó rasgos ya visibles del pontificado de León —énfasis en la humildad, cercanía pastoral con los fieles y apoyo constante a la vida familiar—. Al administrar el sacramento en un entorno tan emblemático y relacionarse de manera cercana con las familias, el papa puso de relieve la renovación y la esperanza, presentando la nueva vida como una fuente de fortaleza para la Iglesia ante los desafíos contemporáneos. La ceremonia reforzó el mensaje del Vaticano de que el cuidado pastoral y los gestos visibles de cercanía siguen siendo centrales en su misión, invitando a familias y padrinos a sostener la formación espiritual iniciada en ese momento.

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