Roban joyas de la corona en golpe al Louvre
Un espectacular robo en pleno día sacudió el Museo del Louvre, donde un grupo de cuatro ladrones encapuchados sustrajo ocho piezas de las joyas de la corona francesa. Según las autoridades, los sospechosos emplearon una grúa tipo “cherry picker” para alcanzar una ventana del segundo piso de la Galería Apolo, cortaron el cristal con herramientas eléctricas, rompieron las vitrinas y escaparon en motocicletas en una operación que duró menos de diez minutos. Las alarmas se activaron y había visitantes en el museo, aunque no se registraron heridos.
Las piezas robadas —diademas, collares, un broche y pendientes— pertenecían al patrimonio imperial francés y estaban asociadas con figuras históricas como la emperatriz Eugenia, la reina María Amelia y la reina Hortensia. Una de las coronas, atribuida a Eugenia, fue hallada más tarde dañada y abandonada cerca del museo. Entre los objetos no sustraídos se encuentra el célebre Diamante Regente. Las autoridades calificaron las joyas robadas como de valor histórico “inestimable” y elaboran un inventario detallado para determinar las pérdidas exactas.
El Ministerio del Interior y el de Cultura enviaron una unidad policial especializada para dirigir la investigación. Los agentes analizan las grabaciones de seguridad y otras pruebas forenses, concluyendo que se trató de una banda altamente organizada que probablemente inspeccionó el lugar con antelación. El museo cerró temporalmente “por razones excepcionales” mientras se desarrollaban las pesquisas.
El robo desató fuertes críticas sobre las brechas de seguridad en el museo más visitado del mundo. El presidente prometió recuperar las joyas y castigar a los culpables, mientras la oposición cuestionó la gestión estatal del patrimonio nacional. Directivos del Louvre afirmaron que la seguridad había sido reforzada en los últimos años y anunciaron nuevas medidas dentro de un plan de modernización multimillonario.
Visitantes y expertos en seguridad expresaron asombro por la audacia del golpe, señalando lo increíble que resulta que los ladrones pudieran acceder por una ventana y llevarse joyas en pleno horario de apertura. El episodio evocó el histórico robo de la Mona Lisa en 1911 y reavivó el debate sobre la protección de las más de 33,000 piezas expuestas. Las autoridades advirtieron que las joyas, por su singularidad, serán difíciles de vender y urgieron a actuar con rapidez para evitar su desaparición en el mercado negro.



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