Tormenta deja sin luz al norte de Nueva Zelanda
Fuertes lluvias, inundaciones repentinas y vientos intensos dejaron sin electricidad a decenas de miles de personas en la Isla Norte de Nueva Zelanda, con más de 30,000 propiedades afectadas y amplias interrupciones en transporte e infraestructura. Servicios de emergencia y equipos de compañías eléctricas respondieron a cientos de llamados tras la caída de árboles sobre líneas eléctricas y carreteras, daños en techos e inundaciones en zonas bajas. Las autoridades pidieron a la población evitar desplazamientos y permanecer en interiores mientras se realizaban trabajos para asegurar las áreas afectadas.
Grandes centros urbanos resultaron impactados, con alrededor de 10,000 clientes sin suministro en la región de Wellington. La mayoría de los vuelos desde y hacia Wellington fueron cancelados o retrasados, y operaciones aéreas se suspendieron en otros aeropuertos afectados. Servicios de ferry y tren también sufrieron interrupciones debido a mar agitado, escombros en las vías y condiciones peligrosas de conducción por visibilidad reducida y acumulación de agua en carreteras.
Un profundo sistema de baja presión al este de la Isla Norte, alimentado por aire cálido y húmedo, provocó lluvias intensas y ráfagas destructivas capaces de causar daños estructurales. Los servicios meteorológicos habían emitido alertas de clima severo con antelación y advirtieron que las precipitaciones y los vientos persistirían mientras el sistema avanzaba hacia la costa este de la Isla Sur, con posibles nuevas interrupciones. Consejos locales activaron protocolos de emergencia, abrieron centros de apoyo, distribuyeron sacos de arena en zonas propensas a inundaciones y coordinaron acciones con equipos de defensa civil.
Las compañías eléctricas indicaron que las labores de restablecimiento estaban en marcha, aunque advirtieron que daños en líneas de transmisión, subestaciones y el difícil acceso en áreas costeras y elevadas podrían retrasar la recuperación total. Se priorizó el suministro a hospitales, instalaciones de emergencia y comunidades vulnerables. Las autoridades recordaron tratar cables caídos como si estuvieran activos, reportar peligros y utilizar generadores o fuentes alternativas de calefacción con precaución para evitar riesgos de intoxicación por monóxido de carbono.
Aseguradoras reportaron un aumento en reclamaciones por daños de viento y agua mientras residentes iniciaban tareas de limpieza y encontraban cercas derribadas, jardines dañados y escombros dispersos. Voluntarios comunitarios ayudaron a vecinos mayores y personas vulnerables al frío. Expertos señalaron que el evento se suma a una tendencia de fenómenos meteorológicos extremos que ponen a prueba infraestructuras envejecidas y refuerzan llamados a medidas de adaptación y resiliencia climática.
Mientras el peligro inmediato disminuye en algunas zonas, continúan las evaluaciones de daños y en los próximos días se conocerá mejor el alcance total del impacto. Los esfuerzos de restauración siguen en curso, con comunidades centradas en la recuperación tras otra tormenta que dejó a miles temporalmente sin electricidad.



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