Fragmentos de guerra se convierten en arte en Líbano

El artista libanés Charles Joseph Nassar ha convertido restos de guerra en una exposición permanente en el museo Shazaya, en Remhala, Aley, transformando metralla, metal retorcido y fragmentos de proyectiles en esculturas que exploran la violencia, la memoria y la supervivencia. La colección, reunida a lo largo de décadas, se presenta en distintos espacios —instalaciones al aire libre, una galería interior en forma de “cueva” y una singular casa del árbol metálica— y muchas piezas están rotuladas con el lugar donde se encontraron sus materiales.

Nassar describió los esfuerzos a largo plazo para excavar, conservar y exhibir las obras, citando desafíos técnicos como la construcción de un túnel en el sitio y la gestión de la humedad y la temperatura para preservar las piezas. El nombre del proyecto, Shazaya —“fragmentos” en árabe—, alude tanto a los materiales físicos como a las vidas fracturadas que deja el conflicto.

El museo, modesto en tamaño pero simbólico en alcance, fue incorporado a la lista nacional de museos del Líbano por el Ministerio de Cultura en 2024 y ha atraído a visitantes y educadores locales que afirman que las exposiciones canalizan el dolor colectivo hacia un mensaje de esperanza. Comisarios y comentaristas culturales sitúan la obra de Nassar dentro de una tradición artística libanesa más amplia que aborda los repetidos ciclos de guerra e inestabilidad del país, entendiendo el arte como una forma de testimonio y de resistencia al olvido.

Shazaya funciona como espacio expositivo y archivo: etiquetas explicativas vinculan las piezas con incidentes o lugares concretos, invitando a los visitantes a enfrentarse a huellas tangibles de la violencia pasada en lugar de estadísticas abstractas. Nassar subraya que su trabajo no glorifica el conflicto, sino que busca reapropiarse de sus restos, convirtiendo instrumentos de daño en objetos de reflexión y sanación.

Mientras Líbano sigue lidiando con la incertidumbre política y económica, el museo aspira a crecer como un repositorio vivo de la memoria. Los visitantes describen la experiencia como inquietante pero necesaria, y sostienen que hacer tangibles las realidades de la guerra puede fomentar comprensión y resiliencia. Autoridades y observadores culturales señalan que Shazaya pone de relieve el papel de la práctica artística en el procesamiento del trauma y la preservación de la memoria histórica en comunidades expuestas repetidamente al conflicto.

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