Inflación del Reino Unido cae a mínimo de ocho meses

La inflación de los precios al consumidor en el Reino Unido cayó de forma inesperada al 3.2% en noviembre desde el 3.6% de octubre, mostraron cifras oficiales, marcando el nivel más bajo desde marzo y reforzando las expectativas del mercado de un recorte inminente de tasas por parte del Banco de Inglaterra. El dato se situó por debajo de la mediana del sondeo, que apuntaba a 3.5%, y de la proyección interna del banco central, de 3.4%. La libra esterlina cedió alrededor de medio centavo frente al dólar tras la publicación, mientras los operadores incorporaban probabilidades superiores al 90% de un recorte de 25 puntos básicos, probablemente hasta 3.75%.
Los principales componentes mostraron una desaceleración más amplia. La inflación de servicios, seguida de cerca por el Banco de Inglaterra como indicador de presiones persistentes, bajó a 4.4% en lugar de mantenerse en 4.5% como se anticipaba. La inflación de alimentos y bebidas no alcohólicas descendió a 4.2% desde 4.9% en octubre, aunque el banco central prevé que repunte hasta alrededor de 5.3% en diciembre. La inflación subyacente, que excluye alimentos, alcohol, energía y tabaco, también se moderó a 3.2%, por debajo de las previsiones de los economistas de 3.4%.
Los datos llegan tras un periodo de fuerte endurecimiento monetario que redujo la inflación desde los máximos de dos dígitos de 2022, aunque el índice general sigue por encima del objetivo del 2% del Banco de Inglaterra. El mes pasado, el Comité de Política Monetaria votó 5 a 4 para mantener las tasas sin cambios, rompiendo la cadencia trimestral de recortes establecida en 2024. Los mercados y muchos economistas esperan una decisión igualmente ajustada en la próxima reunión, con una probable votación de 5 a 4 a favor de flexibilizar. El gobernador Andrew Bailey, entre los disidentes de noviembre, indicó que necesitaría ver nuevas caídas de las presiones de precios antes de respaldar un recorte, lo que convierte su voto potencial en decisivo.
Analistas señalaron que la lectura de noviembre refuerza los argumentos a favor de relajar la política, pero advirtieron que la persistencia de la inflación de servicios y de los costos relacionados con la vivienda, impulsados por un mercado laboral ajustado y el crecimiento salarial, mantiene una postura delicada. Aunque el papel de la energía en la inflación se ha reducido frente a años anteriores, las presiones subyacentes llevan al banco central a ser cauteloso a la hora de recortar los costos de financiación con demasiada rapidez.
El momento de la caída inflacionaria es políticamente significativo de cara a unas elecciones generales, con ministros citando la mejora de los precios como evidencia de alivio en el costo de vida. No obstante, los responsables de política enfrentan un equilibrio complejo: evitar una flexibilización prematura que reavive la inflación frente a sostener tasas restrictivas que podrían lastrar el crecimiento y a los hogares que aún afrontan hipotecas más caras. Las cifras de noviembre indican avances, pero por sí solas es poco probable que definan un giro claro y duradero de la política sin descensos adicionales y sostenidos de la inflación subyacente.

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