Partidarios de Saied se concentran en el Día de la Revolución

Partidarios del presidente Kaïs Saied se concentraron en Túnez durante las conmemoraciones del Día de la Revolución, que recuerdan el levantamiento de 2010–2011 iniciado tras la autoinmolación de Mohamed Bouazizi en Sidi Bouzid. La fecha, convertida en festivo nacional en 2021, se celebró con actos oficiales, ofrendas florales y discursos que evocaron las protestas que pusieron fin a más de dos décadas de gobierno de Zine El Abidine Ben Ali y condujeron a una nueva constitución y a elecciones competitivas.
En los actos de Estado, el presidente Saied elogió el valor de los tunecinos comunes y presentó el aniversario como una ocasión para honrar a quienes exigieron empleo, dignidad y libertad política, al tiempo que reiteró la necesidad de proteger al Estado y avanzar en reformas para enfrentar las dificultades económicas y la corrupción. Manifestantes progubernamentales aprovecharon la jornada para mostrar su apoyo a las políticas de Saied.
El sentir público fue mixto en otros espacios: concentraciones discretas y pequeños encuentros de activistas reflejaron una frustración generalizada por los persistentes problemas económicos, el alto desempleo y el aumento del costo de la vida. Figuras de la sociedad civil advirtieron que las libertades ganadas con la revolución corren el riesgo de erosionarse, y algunas manifestaciones fueron vigiladas de cerca por las fuerzas de seguridad, aunque no se registraron disturbios graves.
Más de una década después del levantamiento, Túnez sigue siendo un escenario político disputado. La decisión de Saied en 2021 de disolver el parlamento, gobernar por decreto y luego aprobar cambios constitucionales que amplían los poderes presidenciales ha polarizado a la opinión pública. Sus partidarios sostienen que estas medidas eran necesarias para poner fin a la parálisis política y enfrentar intereses enquistados; críticos y organizaciones de derechos humanos afirman que han debilitado los contrapesos democráticos y dejado incumplida la promesa de un gobierno responsable.
Observadores señalan que, aunque la revolución convirtió a Túnez en un símbolo de esperanza durante la Primavera Árabe, la posterior turbulencia política, el estancamiento económico y las luchas de poder han puesto a prueba esos avances. En el aniversario, los ciudadanos expresaron una mezcla de orgullo por la historia del país y preocupación por su futuro, subrayando que el legado del levantamiento de 2010–2011 sigue moldeando el debate nacional y las divisiones políticas.

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