El emperador Naruhito ofrece mensaje de Año Nuevo
El emperador de Japón, Naruhito, se dirigió a cientos de ciudadanos desde el balcón del palacio imperial, expresando sus deseos de un año “pacífico y próspero” y reflexionando sobre las dificultades que ha afrontado el país. Reconoció el alto costo de los recientes desastres naturales —incluidos terremotos, lluvias intensas, incendios forestales y fuertes nevadas—, manifestó su profunda solidaridad con las víctimas y agradeció a los equipos de rescate, voluntarios y comunidades locales implicadas en las labores de recuperación y reconstrucción. El emperador dijo esperar que el año entrante traiga avances constantes en la reconstrucción y permita recuperar la normalidad a quienes vieron alteradas sus vidas.
Más allá de los asuntos internos, expresó preocupación por los conflictos y la inestabilidad en el extranjero y llamó al diálogo, al respeto mutuo y a una cooperación internacional más sólida para afrontar desafíos comunes como el cambio climático, las crisis humanitarias y las amenazas a la salud pública. Sin apartarse de su papel constitucional y no político, subrayó valores humanos como la empatía, la resiliencia y la consideración hacia los demás, e instó a actuar con compasión y solidaridad.
El mensaje fue pronunciado con un tono sereno y mesurado, acorde con la tradición del saludo de Año Nuevo, que busca ofrecer tranquilidad y sentido de unidad. Concluyó expresando su deseo de que el año venidero permita a las personas vivir con dignidad y seguridad, y extendió sus buenos deseos de salud y felicidad a los ciudadanos de Japón y a personas de todo el mundo.
Miembros de la familia imperial lo acompañaron en el palacio, entre ellos la emperatriz Masako, el emperador emérito Akihito y la emperatriz emérita Michiko. El discurso siguió a la cancelación del saludo público del año anterior tras un gran terremoto ocurrido el Día de Año Nuevo en el norte de Japón que causó más de 500 muertes; las palabras de este año reiteraron la preocupación por las comunidades afectadas y el agradecimiento a quienes colaboran en la recuperación.
El emperador reiteró el dolor personal y colectivo provocado por los desastres del año pasado, señalando que la magnitud y la frecuencia de los eventos pusieron a prueba a comunidades e infraestructuras en todo el país. Elogió la respuesta coordinada de los servicios de emergencia, las autoridades municipales y los voluntarios de base, afirmando que sus esfuerzos ejemplifican la resiliencia y el apoyo mutuo que sostienen a las zonas afectadas durante largos procesos de recuperación. También destacó las necesidades persistentes de las personas evacuadas y de quienes reconstruyen hogares y medios de vida, y pidió una atención y asistencia sostenidas más allá del corto plazo.
En el plano internacional, reiteró su esperanza de que la diplomacia y el diálogo prevalezcan sobre la confrontación, subrayando que las naciones deben trabajar juntas para gestionar riesgos compartidos.



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