Siria conmemora el primer año tras la caída de Assad
Desfiles militares y celebraciones públicas se realizaron en ciudades sirias para marcar el primer aniversario de la caída de Bashar al-Assad, mientras multitudes en Damasco, Alepo, Latakia, Idlib y otras localidades observaron a combatientes, brigadas de defensa civil y fuerzas de seguridad desfilar por las principales avenidas. Las autoridades transitorias utilizaron los actos para proyectar unidad y legitimidad: vehículos blindados y otros readaptados pasaron frente a los espectadores, bandas militares tocaron y funcionarios pronunciaron discursos que pedían disciplina, cooperación y reconstrucción nacional después de más de una década de guerra.
El presidente Ahmed al-Sharaa, cuyas fuerzas tomaron Damasco en una ofensiva rápida que puso fin a los 13 años de gobierno de Assad, celebró lo que describió como un cambio drástico en la percepción internacional y doméstica de Siria —de la lástima al orgullo— y planteó una visión de una “nueva Siria” que deja atrás un “capítulo oscuro.” Los organizadores destacaron la necesidad de reconstruir instituciones estatales, restablecer servicios y coordinar la planificación de la reconstrucción, aun mientras advertían sobre desafíos políticos y de seguridad persistentes.
Las reacciones públicas fueron mixtas. En Alepo y otras ciudades que aún muestran daños de batalla, los residentes observaron desfiles discretos que combinaban símbolos revolucionarios con nuevos emblemas nacionales, mientras que en Idlib grandes celebraciones incluyeron música, bailes y discursos en memoria de quienes murieron durante el levantamiento. Las fachadas ennegrecidas y las calles en ruinas que persisten en partes del país añadieron un matiz sombrío a las celebraciones; muchos asistentes llevaron fotografías de familiares fallecidos en la guerra y pidieron atención a las necesidades humanitarias aún presentes.
Las autoridades intentaron equilibrar las exhibiciones de fuerza con elementos centrados en la comunidad: brigadas civiles, grupos juveniles, equipos de emergencia y voluntarios tuvieron un papel destacado en varios eventos, y los funcionarios reiteraron llamados a la reconciliación y a una gobernanza ordenada. Organizaciones humanitarias aprovecharon el aniversario para subrayar el desplazamiento continuo, la pobreza y el acceso limitado a salud, agua y educación, advirtiendo que millones siguen necesitando asistencia incluso mientras la vida pública reaparece en algunas zonas.
Analistas de seguridad y residentes señalaron los riesgos derivados de una gobernanza fragmentada en el periodo posterior a Assad, la presencia de grupos armados rivales y negociaciones políticas lentas, destacando que los desfiles funcionaron tanto como celebración como mensaje para consolidar la autoridad. Fuegos artificiales y festividades nocturnas reflejaron alivio popular en algunos sectores, pero observadores recalcaron que la estabilidad de la transición depende de desarmar a las milicias rivales, restablecer servicios, garantizar inclusión política y sostener la recuperación económica.



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