El voto en un pueblo de Honduras podría decidir la elección
Los habitantes de San Antonio de Flores, una zona rural de Honduras, votaron en una jornada retrasada que podría definir la reñida contienda presidencial, mientras patrullas militares y observadores de la Organización de Estados Americanos supervisaban el proceso. Cerca de 5,000 votantes registrados emitieron su sufragio después de que los centros de votación cerraran en la fecha original por denuncias de sabotaje, boletas mal impresas y ausencia de observadores partidarios. El voto del pueblo, celebrado una semana después de las elecciones nacionales, ha adquirido una importancia desproporcionada porque los dos principales candidatos siguen separados por apenas unas decenas de miles de votos a nivel nacional.
El candidato opositor Salvador Nasralla llegó en helicóptero para incentivar la participación, diciendo que “cada voto, por pequeño que sea, tiene valor”, mientras simpatizantes del conservador Nasry Asfura también viajaron para votar; ambas campañas se han acusado mutuamente de irregularidades en una contienda ya marcada por retrasos y denuncias de fraude. Las tensiones locales eran evidentes: el alcalde afirmó que la ausencia de observadores del Partido Liberal motivó la cancelación inicial, algo que rivales disputan, y los residentes expresaron frustración porque los problemas administrativos obligaron a repetir la votación.
El episodio ha atraído atención internacional, amplificada por intervenciones públicas de líderes extranjeros: declaraciones de apoyo a un candidato y advertencias sobre consecuencias si se alteran los resultados preliminares han elevado las apuestas y el debate sobre la influencia externa. Las autoridades electorales dijeron que las boletas retrasadas serán verificadas y añadidas al conteo nacional; observadores internacionales describieron el proceso especial como ordenado, aunque señalaron la fuerte presión política que rodeaba al pueblo.
Mientras tanto, la candidata presidencial izquierdista Rixi Moncada rechazó las elecciones nacionales del 30 de noviembre y exigió su anulación. Acusó a Estados Unidos de interferencia y afirmó que su partido estaba llamando a sus seguidores a participar en marchas, huelgas y sentadas para protestar por lo que calificó como fraude electoral. La votación del 30 de noviembre fue tranquila y pacífica, según observadores independientes, pero la posterior transmisión de resultados ha sido caótica, con interrupciones que han intensificado la frustración por la estrecha carrera.
En los resultados más recientes, Nasry Asfura del Partido Nacional lideraba con 40.19%, menos de 20,000 votos por encima del centrista Salvador Nasralla del Partido Liberal, quien tenía 39.49% con 88% de las boletas escrutadas. Rixi Moncada, del gobernante Partido Libre, quedaba muy atrás con 19.30%. Cerca de 14% de las boletas presentaban inconsistencias, según autoridades, y serían revisadas. No ha habido actualizaciones durante el fin de semana, poniendo a prueba la paciencia de los hondureños mientras la presidencia permanece en el aire.



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