El papa Leo visita la zona de la explosión de Beirut
El papa Leo visitó el lugar de la explosión del puerto de Beirut, donde colocó una corona, encendió una vela y guardó un momento de oración silenciosa que, según familias en duelo, renovó la esperanza de conseguir justicia cinco años después del estallido químico de 2020 que dejó más de 220 muertos y destruyó amplias zonas de la ciudad. Saludó a sobrevivientes y a parientes de las víctimas, repartió rosarios y escuchó peticiones personales; muchos asistentes afirmaron que su presencia demostraba que su sufrimiento no ha sido olvidado y pidieron a los políticos y al poder judicial de Líbano que actúen.
Los familiares y organizaciones de derechos humanos llevan años reclamando una acusación preliminar que establezca quién conocía la existencia de las toneladas de nitrato de amonio almacenadas en el puerto y que identifique la cadena de responsabilidad. Las familias sostienen que la investigación oficial ha sido bloqueada por interferencias políticas, dejando a los allegados frustrados por la falta de avances. Quienes perdieron a sus seres queridos dijeron que el gesto silencioso del pontífice fue una muestra significativa de solidaridad: una mujer comentó que sintió que “alguien se preocupa por mi dolor”, mientras otra invocó la reputación del papa como defensor de la justicia y pidió a los líderes nacionales que escuchen su mensaje.
La visita formó parte del viaje de tres días del pontífice a Líbano, la segunda etapa de una gira iniciada en Turquía, durante la cual pidió en repetidas ocasiones paz en Oriente Medio y exhortó a los dirigentes a poner fin a los ciclos de hostilidad. En una multitudinaria misa en la zona costera, que reunió a unas 150 000 personas, instó a encontrar nuevas vías para superar divisiones políticas, sociales y religiosas, advirtiendo del peligro que representan los conflictos persistentes. También ofreció oraciones por otras crisis, como las disputas políticas en Guinea-Bissau y las víctimas de un incendio en Hong Kong.
Antes de partir, el papa dijo que se llevaba consigo “el dolor y la sed de verdad y justicia” expresados por muchas familias. Los asistentes describieron su presencia como un respaldo moral que refuerza los llamados a la rendición de cuentas y aumenta la presión sobre las autoridades libanesas para actuar. Para quienes perdieron hijos, cónyuges o padres en la explosión, la visita ofreció un raro reconocimiento público de sus exigencias: que los responsables sean identificados y juzgados, y que la investigación avance sin interferencias políticas.



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