El papa visita Beirut para impulsar la unidad
El papa Leo XIV llegó a Beirut para una visita de tres días destinada a promover unidad y paz mientras el Líbano enfrenta un colapso económico, parálisis política y tensiones regionales. Recibido entre tambores, lluvia torrencial y multitudes con banderas libanesas y vaticanas, se reunió con el presidente Joseph Aoun, el presidente del Parlamento Nabih Berri y el primer ministro Nawaf Salam, y participó en una ceremonia oficial en el palacio presidencial. Plantó un cedro, firmó el Libro de Honor y pidió a los líderes libaneses superar divisiones y renovar esfuerzos por la paz, calificándola como “un deseo y una vocación” y elogiando la resiliencia del pueblo como motor de pacificación.
El viaje —la segunda etapa de su primera gira exterior tras Turquía— está marcado por el desbordamiento del conflicto en Gaza y el temor a una escalada en la frontera con Israel. La presencia visible de Hezbollah durante la bienvenida, con seguidores mostrando retratos de Hassan Nasrallah y banderas vaticanas, reflejó la compleja realidad política local. El líder adjunto de Hezbollah, Naim Qassem, expresó esperanza de que la visita ayude a frenar ataques israelíes, y el diputado del bloque, Mohammad Raad, asistió al discurso papal.
El pontífice evitó mencionar directamente a Israel, reiterando la postura de la Santa Sede a favor de una solución de dos Estados y presentando al Vaticano como un posible mediador que busca justicia para todas las partes. Subrayó la cooperación interreligiosa y elogió el papel de Turquía en fomentar el diálogo, retomando mensajes de su visita previa a Ankara.
La seguridad fue reforzada en toda la capital y el itinerario incluye encuentros interreligiosos, oraciones en lugares de culto y una misa pública prevista en la zona costera. No visitará las localidades sureñas afectadas por ataques israelíes. También está previsto un momento de oración silenciosa en el puerto de Beirut, en recuerdo de la explosión de 2020, como reconocimiento al trauma nacional. Líderes eclesiásticos enmarcan la visita como un apoyo a la importante comunidad cristiana del país y un llamado a la convivencia entre sus diversos grupos religiosos.
El viaje se desarrolla bajo la sombra de nuevos ataques israelíes en Gaza y de las crecientes repercusiones humanitarias y políticas del conflicto. La presencia del papa ofreció un momento poco común de atención colectiva en un país golpeado por carencias, protestas y bloqueo institucional, y muchos libaneses vieron la visita como un impulso simbólico en medio de una crisis persistente. Autoridades y organizadores esperan que el mensaje del pontífice refuerce los llamados al diálogo, al alivio humanitario y a la responsabilidad nacional mientras el Líbano enfrenta amenazas inmediatas y desafíos de recuperación a largo plazo.



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