Bolivia enfrenta escasez de marraqueta
La emblemática marraqueta boliviana, el pan estatal subvencionado que forma parte esencial de la dieta diaria, está desapareciendo de las panaderías debido al aumento de costos y a la caída en el suministro de trigo y harina. Panaderos de La Paz informan retrasos en las importaciones de harina gestionadas por el Estado y otras carencias que les dificultan abastecer un producto cuyo precio minorista permaneció congelado durante diecisiete años bajo la anterior administración socialista. Muchos panes también se han reducido de cerca de cien gramos a unos sesenta, mientras algunos clientes hacen largas filas o no encuentran la marraqueta disponible.
Bolivia importa alrededor de tres cuartas partes de su trigo, principalmente desde Argentina, y la agencia estatal EMAPA dejó de entregar harina en septiembre después de que el gobierno no pagara a tiempo a proveedores extranjeros. Decenas de panaderías subvencionadas han recortado producción, cambiado a productos de mayor margen como los panes rellenos de queso o dejado de vender la marraqueta. Gremios de panaderos señalan que planean elevar el precio a unos once centavos de dólar por unidad, rompiendo así el acuerdo de precio vigente desde hace años.
La escasez y la “reduflación” reflejan problemas económicos más profundos: reservas internacionales debilitadas, inflación en aumento y un deterioro acelerado de las finanzas públicas tras años de políticas estatistas y nacionalizaciones que desalentaron la inversión extranjera. La crisis supone una prueba temprana para el recién electo presidente centrista Rodrigo Paz, quien ha prometido desmontar políticas de subsidios en energía, transporte y bienes básicos, aunque hasta ahora ha evitado recortes drásticos. El ministro de Economía, Jose Gabriel Espinoza, indicó que algunos subsidios, incluido el diésel, están bajo revisión, pero no ofreció plazos ni detalles sobre otros productos esenciales.
Economistas advierten que la reforma de subsidios es fiscalmente necesaria pero políticamente sensible en un país donde el pan subvencionado es clave para los presupuestos familiares. Temen que el enojo público por alzas de precios o la falta de acceso derive en protestas. Por ahora, la desaparición de la marraqueta evidencia el delicado equilibrio que enfrenta el gobierno: estabilizar las finanzas sin agravar las dificultades inmediatas de las familias vulnerables que dependen de este alimento básico.



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