Soldados toman el poder en Guinea-Bisáu


El centro de la capital permaneció inusualmente silencioso después de que soldados tomaron el poder, con muchas tiendas cerradas y tráfico escaso mientras la población esperaba claridad tras un rápido golpe militar que derrocó al liderazgo civil. Oficiales armados destituyeron al presidente Umaro Sissoco Embaló e instalaron al mayor general Horta Inta-a como líder transitorio, después de que el autodenominado “Alto Mando Militar para la Restauración del Orden” afirmara haber actuado para frenar un supuesto complot de desestabilización que involucraba a políticos y narcotraficantes, sin ofrecer detalles.

Se reportaron disparos cerca de la sede de la comisión electoral y del palacio presidencial el día previo a la toma del poder. El golpe ocurrió justo antes de que se publicaran los resultados provisionales de las elecciones presidenciales del fin de semana, en las que Fernando Dias, un político debutante de 47 años, había surgido como principal rival de Embaló. El suceso marca el noveno golpe en África Occidental y Central en cinco años y subraya la inestabilidad crónica de Guinea-Bisáu, un país conocido además como punto de tránsito de cocaína y con un largo historial de intervenciones militares en política.

Un comunicado del ejército dijo que Embaló y otros altos funcionarios estaban bajo control del Alto Mando Militar. Informes posteriores señalaron que Embaló fue trasladado a Senegal en un vuelo especial tras una intervención regional. La Unión Africana condenó la toma del poder y exigió la liberación del personal electoral y de todos los funcionarios detenidos.

El mayor general Horta Inta-a apareció en televisión con uniforme, rodeado de oficiales, afirmando que la intervención era necesaria para impedir que los narcotraficantes “capturaran la democracia guineana.” Anunció una transición de un año con inicio inmediato y, en una ceremonia de juramentación, nombró al mayor general Tomas Djassi como nuevo jefe del estado mayor.

Bancos y numerosos negocios permanecieron cerrados mientras el tráfico retornaba lentamente y los residentes seguían con cautela la evolución de los acontecimientos, atentos ante la incertidumbre sobre los próximos pasos de las nuevas autoridades. La toma del poder profundiza las preocupaciones sobre gobernanza y seguridad en un país donde el ejército ha intervenido repetidamente y genera alarma regional ante el patrón de golpes en África Occidental y Central. Los llamados internacionales para restaurar el gobierno civil y liberar a los funcionarios detenidos aumentaron la presión sobre la junta mientras la población y observadores esperaban nuevos desarrollos.

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