Cumbre del G20 respalda acción climática y alivio de deuda


El presidente sudafricano Cyril Ramaphosa celebró la cumbre del G20 en Johannesburgo como una reivindicación del multilateralismo después de que los líderes adoptaran una declaración conjunta sobre cambio climático, energía renovable, alivio de deuda para países en desarrollo y reforma de la gobernanza global, pese al boicot de alto perfil de Estados Unidos. Al acoger la primera cumbre del bloque en suelo africano, Sudáfrica orientó el debate hacia prioridades del Sur Global, destacando una transición energética justa, inversión en infraestructura y mayor representación africana en los órganos internacionales de decisión.
Ramaphosa presentó la declaración como prueba de que “los objetivos compartidos pesan más que nuestras diferencias”, afirmando que la cumbre reafirmó un compromiso renovado con el crecimiento inclusivo, la reducción de la desigualdad y el desarrollo sostenible. Los delegados utilizaron un lenguaje inusualmente explícito sobre la urgencia de la crisis climática y la necesidad de mejorar la adaptación, aplaudiendo metas ambiciosas de energía renovable y subrayando la pesada carga del servicio de la deuda para las naciones más pobres.
Diecinueve estados miembros, la Unión Europea y socios invitados siguieron adelante con la reunión y alcanzaron consenso sobre el texto final, aun cuando varios grandes líderes estuvieron ausentes. La negativa de Estados Unidos a asistir, atribuida públicamente por su gobierno a supuestos malos tratos a la minoría blanca en Sudáfrica —una afirmación ampliamente cuestionada— dejó un vacío notable; China y Rusia tampoco enviaron a sus jefes de Estado, un hecho que, según analistas, resta fuerza a la idea de una reafirmación plena de unidad global.
Observadores señalaron el carácter dual del resultado: una victoria diplomática para Sudáfrica al elevar las preocupaciones del Sur Global y demostrar que un grupo tan amplio puede acordar un lenguaje progresista sobre clima y deuda, contrarrestada por la realidad de que la ausencia de potencias clave revela fracturas en el multilateralismo contemporáneo. La declaración señala una intención colectiva renovada en varios frentes, pero la falta de Estados Unidos y otros actores importantes plantea dudas sobre la eficacia futura de los foros de gobernanza global.

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