Checos y eslovacos marchan por la democracia
Miles de personas se reunieron en la República Checa y Eslovaquia para conmemorar el aniversario de la Revolución de Terciopelo y advertir que las normas democráticas enfrentan nuevas amenazas. En Bratislava y otras ciudades eslovacas, grandes concentraciones organizadas por partidos opositores y grupos cívicos se dirigieron contra el gobierno de Robert Fico, acusándolo de retrocesos democráticos, acercamiento político a Rusia y debilitamiento de controles institucionales. Los manifestantes criticaron la postura prorrusa del primer ministro sobre la guerra en Ucrania, sus encuentros con Vladimir Putin, la disolución de la oficina especial que investigaba corrupción y delitos graves, el aumento de la influencia estatal en los medios públicos y declaraciones que, según sus detractores, insinúan la posibilidad de un colapso de la Unión Europea, introduciendo la idea de una salida del bloque en el debate público pese a que no lo haya propuesto oficialmente.
En la República Checa, multitudes se reunieron en la calle Národní de Praga, lugar emblemático de las protestas estudiantiles de mil novecientos ochenta y nueve, para honrar al movimiento prodemocrático original y expresar preocupación por los cambios políticos actuales. Los asistentes portaron banderas nacionales y de la Unión Europea, y acusaron a nuevos aliados políticos de aproximarse a grupos de extrema derecha, advirtiendo que debilitar el apoyo a Ucrania o tomar distancia de las alianzas occidentales podría poner en riesgo los logros democráticos alcanzados desde la caída del comunismo. Oradores y líderes cívicos en ambos países subrayaron que el aniversario debía entenderse como un acto de responsabilidad ciudadana, no solo como un ritual simbólico, e instaron a defender la libertad de prensa, la independencia judicial y las instituciones anticorrupción.
Analistas señalaron que la conmemoración adquirió este año un tono marcadamente político, reflejando preocupaciones regionales más amplias sobre desinformación, polarización y gobernantes percibidos como erosores de las garantías democráticas. A pesar de las tensiones y la retórica cargada de emoción, especialmente en Eslovaquia, las marchas transcurrieron de manera pacífica, mostrando la fortaleza de la sociedad civil y el activismo público en ambos países. Organizadores prometieron mantener la vigilancia, afirmando que la transparencia, el Estado de derecho y la participación ciudadana logrados tras la Revolución de Terciopelo requieren protección constante.



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